Contra los abusos sexuales

 

La cifra estimada de UNO de cada CINCO niños son abusados resulta de una combinación de resultados de diversos estudios realizados por equipos de investigación en Europa, y coincide con las estadísticas presentadas por el UNICEF, la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud.

En la actualidad, es difícil hacerse una idea precisa de la situación real debido a los siguientes motivos:

  • Un gran número de casos de violencia sexual siguen sin denunciarse
  • Los estudios realizados tienen objetivos diferentes y utilizan distintos métodos y definiciones.
  • La realización de entrevistas a niños, niñas y adolescentes plantea cuestiones éticas.
  • Los profesionales que trabajan con y para los niños (por ejemplo, en instituciones) carecen de directrices y de instrumentos de procedimiento para notificar la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia.
  • Algunos niños carecen de instrumentos y medios apropiados para notificar la violencia sexual de la que son objeto, como los niños y niñas incapaces de expresarse, muy pequeños, con discapacidades intelectuales, gravemente traumatizados, etc.

El abuso sexual infantil es una realidad más cotidiana de lo que nos gustaría reconocer. Al mismo tiempo, es una realidad oculta. Lo es tanto por su carácter delictivo inherente (el agresor intentará por todos los medios que sus actos no se revelen), pero también por el silencio al que las víctimas se ven condenadas. Este silencio se debe por una parte a las estrategias de manipulación ejercidas por el abusador, y por otra a la situación de indefensión en la que los niños, niñas y adolescentes víctimas se encuentran por motivos evolutivos y las limitaciones propias de su edad

¿Cómo podemos saber a qué se refiere el “abuso sexual infantil”?

Al hablar de este tema nos referimos a a contactos o interacciones entre un/a niño/a y un/a adulto/a, cuando el/la adulto/a (agresor/a) usa a una persona menor de edad para estimularse sexualmente él mismo, al menor de edad o a otra persona (que puede ser, a su vez, un adulto u otra persona menor de edad).

Los agresores suelen ser adultos conocidos por los niños, niñas y adolescentes, pero en ocasiones también pueden ser menores de edad.

Existen distintas formas de abuso sexual. Se puede diferenciar entre aquellas que requieren contacto físico (violación, incesto, pornografía, prostitución infantil, sodomía, tocamientos, estimulación sexual… ) y sin contacto físico (solicitud indecente a un niño o seducción verbal explícita, realización acto sexual o masturbación en presencia de un niño, exposición de los órganos sexuales a un niño, promover la prostitución infantil y la pornografía, la corrupción de menores…).

Supongo que muchos padres no queremos ni oir hablar de abuso sexual infantil, pero aunque cerremos los ojos esta realidad no desaparece de la sociedad. Por ello la información es la mejor herramienta para hacerle frente. Y la comunicación con nuestros hijos nuestra mejor base para prevenirlo y (si ocurriera) afrontarlo.

 

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