Rebajan a once años la pena a un joven que mató al padre

«Yo no maté a mi padre, maté al brujo», dijo Juan Gabriel Abramor durante su descargo en noviembre pasado, mientras lo juzgaban en Rosario por matar de cinco balazos a Juan Carlos Abramor, un hombre dedicado a cultos esotéricos.

«Yo no maté a mi padre, maté al brujo», dijo Juan Gabriel Abramor durante su descargo en noviembre pasado, mientras lo juzgaban en Rosario por matar de cinco balazos a Juan Carlos Abramor, un hombre dedicado a cultos esotéricos que durante años lo sometió a un constante agobio psicológico. Hace diez meses a Juan Gabriel lo condenaron a 16 años de prisión. Pero ahora la Cámara Penal de Venado Tuerto, tras revisar el caso, encontró elementos para atenuarle la pena, que quedó fijada en once años y un mes.

«Esto es un alivio y lo vivimos como un triunfo», dijo ayer Marta Macat, que junto a Nora Gaspirez y Daniel Kantor representaron a Juan Gabriel, un joven rosarino que hoy tiene 24 años y que al quedar preso carecía de antecedentes penales. «Este chico fue sometido a una tortura constante por su padre y el desenlace de la historia entre ellos fue una dramática salida a tanto maltrato», dijo Macat.

El día fatídico. El homicidio de Juan Carlos Abramor fue el 7 de abril de 2010 en una casa de Pueyrredón al 4000 en el barrio Itatí. Nunca estuvo en duda la autoría del crimen. Juan Gabriel pidió a su mujer que llamara a la policía delante de su pequeño hijo de tres meses y la pareja de su padre. El planteo de la defensa quedó expuesto desde el primer momento. Los cinco balazos fueron la culminación de una vida durísima en la que convivió con a un padre entregado a cultos diabólicos, presenciando sacrificios de aves y cerdos, creyendo que tenía poderes sobrenaturales porque varias de las personas que eran destinatarias de esos «trabajos» habían muerto poco después.

El día antes del drama, dijo Juan Gabriel, su padre le había dicho que planeaba sacrificar a su bebé. Al día siguiente encontró un velón negro con el nombre tallado de su hijo y se convenció que su hijo corría peligro extremo. Empuñó entonces un revólver calibre 38 que había comprado en el mercado ilegal y ejecutó a su padre a tiros.

Durante el juicio se exhibieron videos y grabaciones que expusieron una compleja trama familiar. Juan Carlos Abramor se hacía llamar Antonio en su consultorio de magia negra. En su casa creían que sus poderes provenían de San La Muerte.

La fiscalía refutó la versión defensiva que señalaba que el joven estaba condicionado en extremo y que su padre, al cabo de la influencia desplegada toda su vida, lo había convencido positivamente de ostentar poderes sobrenaturales. «La víctima ni atinó a defenderse. En lo que se ha visto por medio de videos no hubo sacrificios de animales y no hay una patología mental que pueda exculparlo», sostuvieron los fiscales al pedir pena.

El juez José Luis Mascali lo condenó a 16 años de prisión por homicidio agravado por el vínculo, por tenencia de arma de guerra adquirida ilegalmente y por aplicación del artículo 41 bis, un discutido apartado que eleva en un tercio la pena por el delito juzgado si se utilizó un arma de fuego.

Los jueces de la Cámara Penal de Venado Tuerto —Tomás Orso, Héctor López y Fernando Vidal— confirmaron parcialmente la sentencia al no considerar el agravante del artículo 41 bis incorporado al Código Penal mediante la llamada Reforma Blumberg.

Juan Gabriel Abramor lleva 28 meses detenido. Actualmente cumple su condena en la cárcel de Coronda.

Fuente: La Capital 

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