HOMICIDIO DE MAXIMILIANO OLIVA: RECIBIÓ UN MISTERIOSO MENSAJE MIENTRAS COCINABA SU ÚLTIMA CENA

El único testigo relató cómo fue el momento previo a la muerte de Maxi Oliva, ocurrida la madrugada del viernes, en un campo del departamento San Javier. La justicia dictó la prisión preventiva para el principal sospechoso, y amigo de la víctima.

Lo acusan de matar a su amigo e investigan cómo era la relación que ambos mantenían, previo a que se produjera el fatal desenlace. Así lo hizo saber el fiscal de San Javier, Francisco Cecchini, cuando este martes solicitó la prisión preventiva para Víctor Hugo Sotelo (39) por el homicidio de Maximiliano Oliva (31). Víctima y victimario habían compartido la cena el jueves pasado, junto a dos hermanos, uno de los cuales se presenta como testigo directo del escopetazo que le costó la vida a Oliva.

«Sotelo y Oliva tenían una relación», dijo el Dr. Cecchini. «Andaban siempre juntos», «prácticamente vivían juntos», abundó el fiscal, que se remitió a la declaración de testigos que refirieron a la estrecha relación que mantenían los hombres. Ello «nos pone en la necesidad de conocer ese vínculo, para incluso determinar si (el delito) merece una calificación más grave». O acaso «nos identifica cuál es el móvil», completó.

Cecchini le atribuyó a Sotelo la autoría del delito de «homicidio calificado por el empleo de arma de fuego» y como resultado, el juez de la IPP, Leandro Lazzarini, ordenó la medida cautelar privativa de la libertad, a pesar de la oposición de la defensora pública Soledad Estrada.
Última cena
La teoría fiscal indica que el jueves 2 de junio, Sotelo y Oliva habían estado bebiendo en un kiosco-despensa de Colonia Yatay donde compraron unas patamuslos que la víctima cocinó en su casa. A la cena asistieron además, dos hermanos -conocidos de Sotelo-, uno de los cuales abandonó el lugar antes de la medianoche, después de comer.

Es decir que al momento del desenlace fatal, situado a las 3 de la madrugada del viernes 3 de junio, sólo quedaban sentados a la mesa la víctima, el asesino y un testigo.

Según consta en la carpeta judicial, fue Sotelo quien a esa hora y tras mantener una discusión aparentemente banal con el anfitrión, se apareció con una escopeta montada y sin mediar palabra le voló la cabeza de un disparo a Oliva, que no alcanzó siquiera a cubrirse el rostro con sus manos.

Reacción y escape-

Estupefacto por la explosión, el testigo Raúl B. miró a su alrededor y vio a Sotelo que tras gatillar a su compañero intentaba cargar nuevamente el arma. Se abalanzó sobre él y los dos se trabaron en lucha sujetando el caño de la escopeta; hasta que en un momento el testigo logró alcanzar la puerta y escapó a la carrera hasta la casa de su hermano, que dista 1,3 km del lugar.

En una primera declaración consta que estaban sentados a la mesa, en el mismo sitio donde minutos más tarde el personal policial encontró el cuerpo, destrozado por el impacto de la Perdigonada. El testigo dijo entonces que «en un momento Sotelo y Oliva discutieron en una habitación contigua, llegando al patio», al parecer «por un equipo de música» y se escucharon frases sueltas como «yo te lo regalé» y «llevatelo», pero no pasó a mayores.
Luego, en una segunda declaración ante personal de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de San Javier, el mismo testigo recordó que esa noche, mientras cocinaba el pollo, Oliva recibió un mensaje a su teléfono celular y que tuvo una reacción violenta, a punto que terminó pateando una puerta a la que se le rompieron los vidrios por el impacto. Tampoco el testigo supo explicar a qué se debió semejante arrebato de furia, pero los investigadores no descartan su relación con la pelea y finalmente la ejecución.

Manto de sospecha
Por su parte, la abogada del Servicio Público de la Defensa, María Soledad Estrada, planteó que existe «un manto de sospecha» sobre el accionar de los dos hermanos, al punto que rechazó el pedido de prisión del fiscal y postuló la inocencia de su pupilo en la muerte «de quien era su amigo», dijo.

La defensa se refirió a una de las declaraciones del testigo, en la que éste manifestó que luego de avisarle a su hermano sobre lo ocurrido, tuvieron la intención de volver a la casa de Oliva, pero finalmente terminaron llamando a la policía.

«Puede haber un manto de sospecha grande que nos permita dudar si el testigo no estuvo cubriendo a alguien», razonó la Dra. Estrada, quien también puso en crisis que el arma secuestrada sea realmente el arma homicida. «En el medio en que esto sucede es muy probable que en cada casa encuentren una escopeta del calibre 16 o 20, que se usan para cazar. Pero no se buscaron armas en otras viviendas», dijo.

Finalmente, solicitó la libertad bajo alternativas para Sotelo, consistentes en mudarse a la ciudad de San Javier a la casa de un hermano, dónde este cumpliría el rol de guardador.
Resolución final

Una vez que fiscalía y defensa expusieron sus argumentos, el juez Lazzaarini evaluó los pormenores del caso y entendió que a esta altura del proceso corresponde la medida cautelar de encierro para Sotelo. «Entiendo que hay suficientes elementos para sostener la autoría de Sotelo», dijo el magistrado.

A modo de síntesis, Lazzarini planteó que «no es un dato menor que el testigo Raúl B. saliera corriendo a la casa de su hermano», cuando en el lugar había quedado su moto, lo que habla a las claras de que huyó ante una real amenaza.

También destacó que fueron los hermanos quienes hicieron la denuncia y no Sotelo, que se acostó a dormir «siendo que era el más cercano a Oliva». Entiende el juez que «el accionar de Sotelo debería haber sido distinto», por lo que al menos en esta instancia del proceso lo ubica en el lugar del autor responsable del delito de homicidio.

FUENTE: EL LITORAL

 

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